Se escuchan los pasos de aquel amor no correspondido y se pregunta cuál fue su error. El viento le hace recordar que vive en soledad, sonríe en lo más alto de esa montaña y busca al rayo de sol para que de en su cara.
- ¿Por qué sonreís, princesa? - el viento susurra en su oído.
- No lo se, me haces feliz...
El viento con más intensidad golpea su rostro, le muestra a esa bella dama que ya no existe soledad que pueda contra ella. Eleva sus brazos y se deja besar por el sol que la mira enamorado y entonces comprende que realmente ya no hay nada ni nadie que pueda destruirla.
Pasan los minutos y se sumerge en un profundo sueño que le indica que ya salió de todo mal y que a ese lugar oscuro, no podrá regresar.
- ¡Gracias! - grita la princesa liberada. Aún el viento la acaricia dejándola dormir sobre los brazos de la montaña...
- Prometo no dejar que te caigas - la brisa intensa le responde a la dulce doncella.
Todo se volvía claro y nítido, tan nítido como el pasto rosando su espalda... Cierra los ojos y en silencio pide a Dios que no la deje, que ya no quiere estar sola.
- ¿Por qué llorás ahora, princesa? - el viento asustado le pregunta.
- Porque ya no tengo miedo, porque puedo respirar...
Abre los ojos por última vez, suelta el aire, sonríe y vuelve a cerrarlos.
El viento aún sigue acariciando su pelo, mientras ella duerme con Dios que no la ha dejado caer.