Aún cuando miraba la ventana, veía su cara reflejada en ella y cada tanto pensaba en romper el vidrio y olvidarlo por completo. Patética resulté después, cuando me di cuenta que era yo misma... pero por qué veía su cara en mi reflejo. Olvidé mi rostro, olvidé mi felicidad y tropecé con su nariz, lo observé más de una vez, no distinguía entre sueño y realidad, pregunté cómo estaba y él no me hablaba. Sentí mi corazón latir más rápido que lo normal, tomé su mano y empecé a gritar queriendo despertar de aquél horrible sueño.
- ¡Dejame en paz! - repetí más de una vez. Él me miraba risueño, caminaba como escondiéndose de algo. No sabía si golpearlo o abrazarlo, y entonces se durmió. Creo que fingía dormir y no podía despertarlo, me cansé de esperarlo y me fui.
Así es como fue que el ángel ya no me hizo volar...