Traspasar la línea temporal que nos separa para volver a encontrarte entre una multitud de gente común, sobresaliendo siempre como el ser más luminoso que pisó este suelo donde me encuentro parada. Resulta que sin tu peso en él, me desnivelé cayendo una y otra vez sin equilibrio... sin nadie que me sostenga.
Y cuando todo parece un sin fín de oportunidades desaprovechadas, me olvido que no estás y te hablo como si estuvieras al lado mío y hasta sonrío porque imagino tus respuestas ante tantas cuestiones sin resolver. Es como si tuviera la habilidad de poder responder por vos y qué desilución darme cuenta que en realidad no sé que me dirías, porque esto no lo viví nunca.
Extraño llamarte por tu rol y que te voltees a verme siempre con una sonrisa aunque la vida te lastimaba a diario. Solamente te pienso pero intento no hacerlo en voz alta, porque te das cuenta que el tiempo borra el sentido hermoso de una palabra que para todos es común y corriente y, para mí, terminó siendo un puñal en el pecho que agranda la herida cada vez que sale.
Es tan fácil traerte a mí y tan difícil desprenderme de la idea de que sólo se da con la imaginación.
Escucho tu canción favorita y te recuerdo diciéndome: "CADA VEZ QUE LA PONGAS, VOY A ESTAR AHÍ" y te busco en cada rinconcito de la casa esperando ver una señal o que me vengas a buscar en mis sueños como sólo una vez lo hiciste.
No quiero volver a gritar que te necesito y que quiero un abrazo más que vivir, pero a veces me gana el egoísmo y la tristeza... y sí, te necesito aunque lo esconda.
Si estás por ahí, si todavía me seguís viendo todo lo que hago y lo que dejo de hacer, si todavía queres seguir resolviendo mis problemas, acercate... ya no quiero que me resuelvas nada, simplemente que apagues un poquito este dolor.