Te veo venir a despertarme a la mañana, con olor a capuccino
calentito y bien azucarado.
Te veo en mi plato de
sopa de cabellos de ángel con mucho queso que me preparé hoy.
Te veo en el reflejo de mi espejo cuando me río de un chiste
malo y se me achinan los ojos igual a vos.
Te veo en las plantas de cualquiera, y en el amor por la
jardinería de los demás, ese que nunca pudiste convencerme de que me guste como
a vos.
Te veo en el cielo,
cuando tomo sol y te traigo conmigo a escuchar música.
Te veo en la vereda con un mate y una anécdota.
Te veo en las
películas de terror más malas y te veo en las dramáticas con una caja de
pañuelos al lado, dispuesta para llorar.
Te veo en el invierno frío y húmedo de la ciudad, en una
estufa prendida hirviendo y con las manos escondidas en el pulóver.
Te veo en mis manos, tan iguales a las tuyas llena de tus
anillos que aún conservo.
Te veo en una playa mirando distante el agua a la que tanto
miedo le tenías.
Te veo llegar del trabajo, dejando a tu paso el olor de tu
perfume como si recién te lo acabaras de poner.
Te veo en un cigarrillo en la soledad de la madrugada.
Te veo en las series que te terminaste en un día.
Te veo en tu amor por las cosas simples.
Te veo en las manualidades que hacías por placer, en tus
bolsos hechos con trapos de rejilla, las macetas decoradas y en el suvenir por
mi recibimiento que jamás pude entregarle a nadie.
Te veo en San Blas, caminando de la mano conmigo esas
cuadras tan largas que caminabas dos veces para irme a buscar al colegio.
Te veo ayudándome con tareas que te costaban tanto entender,
pero lo intentabas para resolverlo juntas e irnos a dormir una siesta.
Te veo en las tardes pintándote las uñas.
Te veo en la ropa hippie, esa que te vestía de domingo a
domingo que te quedaba como a nadie en el mundo.
Te veo en una canción de amor de Luis Miguel y una canción
de paz de Kameleba.
Te veo encerrada en el lavadero, escuchando música y lavando
ropa cantando como si estuvieras sola.
Te veo en los consejos que nadie más me va a dar.
Te veo en los abrazos antes de irme a dormir.
Te veo cuando me acurruco en el sillón y me quedo dormida.
Te veo en cada espacio que ocupamos.
Te veo en el silencio de la noche y el ruido del día.
Te veo en los sueños que me regalas de vez en cuando.
Te veo en esta foto y me traslado con vos. Ahí, cerquita
siempre, con el calor de tus besos ruidosos. Con un abrazo cálido de mamá se
van los problemas. Tu voz en mi memoria como la más dulce melodía. Tu risa… tu
hermosa risa cuando llegaba a casa porque ya todo estaba bien, porque estaba
sana y salva en tus brazos.
Te veo siempre conmigo...por suerte.