Probablemente llegue el día en que me ponga a analizar cada paso que he dado durante estos años, cada pisada en falso, los derrumbes, los levantamientos, la protección de aquel momento, la compañía de algunos, la huida de otros y todos me llevarán a sonreír. En algún punto, pude ser feliz, pude sonreír más de lo que he llorado.
Claro está que eso no pasará hoy, no... hoy no.
viernes, 15 de febrero de 2013
Así
Solté el humo de mi boca y pensé cómo podría hacerme volar aquel estúpido ángel que me invita a pasear de vez en cuando. Soñé con el día en que patearía su cara y sangre hasta morir, y entonces pensé: "¿No seré un demonio en un cuerpo real?" No supe aceptar la realidad en la que estaba, tomé mi cigarrillo y canté una canción hermosa, que volaba mi mente y me hacía feliz...
Aún cuando miraba la ventana, veía su cara reflejada en ella y cada tanto pensaba en romper el vidrio y olvidarlo por completo. Patética resulté después, cuando me di cuenta que era yo misma... pero por qué veía su cara en mi reflejo. Olvidé mi rostro, olvidé mi felicidad y tropecé con su nariz, lo observé más de una vez, no distinguía entre sueño y realidad, pregunté cómo estaba y él no me hablaba. Sentí mi corazón latir más rápido que lo normal, tomé su mano y empecé a gritar queriendo despertar de aquél horrible sueño.
- ¡Dejame en paz! - repetí más de una vez. Él me miraba risueño, caminaba como escondiéndose de algo. No sabía si golpearlo o abrazarlo, y entonces se durmió. Creo que fingía dormir y no podía despertarlo, me cansé de esperarlo y me fui.
Así es como fue que el ángel ya no me hizo volar...
jueves, 14 de febrero de 2013
Se va
Irse de acá, irse de él, irse de ella, irse de ese lugar, irse del cielo, irse de la tierra, irse del mundo, irse de allá, irse del tiempo, irse del aire, irse del amor, irse del deseo, irse del odio, irse del sexo, irse del viento, irse del sol, irse de la lluvia, irse de la luna, irse de la estrellas, irse del mar, irse del río, irse de la laguna, irse del sur, irse del norte, irse del oeste, irse del este, irse del agua, irse del fuego, irse del alma, irse de la soledad, irse de la compañía, irse del sueño, irse de la ilusión, irse del desamor, irse del cuento, irse de Tierra, irse de mí... simplemente se va ¿Y yo? Yo sólo lo despido
Princesa
Se escuchan los pasos de aquel amor no correspondido y se pregunta cuál fue su error. El viento le hace recordar que vive en soledad, sonríe en lo más alto de esa montaña y busca al rayo de sol para que de en su cara.
- ¿Por qué sonreís, princesa? - el viento susurra en su oído.
- No lo se, me haces feliz...
El viento con más intensidad golpea su rostro, le muestra a esa bella dama que ya no existe soledad que pueda contra ella. Eleva sus brazos y se deja besar por el sol que la mira enamorado y entonces comprende que realmente ya no hay nada ni nadie que pueda destruirla.
Pasan los minutos y se sumerge en un profundo sueño que le indica que ya salió de todo mal y que a ese lugar oscuro, no podrá regresar.
- ¡Gracias! - grita la princesa liberada. Aún el viento la acaricia dejándola dormir sobre los brazos de la montaña...
- Prometo no dejar que te caigas - la brisa intensa le responde a la dulce doncella.
Todo se volvía claro y nítido, tan nítido como el pasto rosando su espalda... Cierra los ojos y en silencio pide a Dios que no la deje, que ya no quiere estar sola.
- ¿Por qué llorás ahora, princesa? - el viento asustado le pregunta.
- Porque ya no tengo miedo, porque puedo respirar...
Abre los ojos por última vez, suelta el aire, sonríe y vuelve a cerrarlos.
El viento aún sigue acariciando su pelo, mientras ella duerme con Dios que no la ha dejado caer.
- ¿Por qué sonreís, princesa? - el viento susurra en su oído.
- No lo se, me haces feliz...
El viento con más intensidad golpea su rostro, le muestra a esa bella dama que ya no existe soledad que pueda contra ella. Eleva sus brazos y se deja besar por el sol que la mira enamorado y entonces comprende que realmente ya no hay nada ni nadie que pueda destruirla.
Pasan los minutos y se sumerge en un profundo sueño que le indica que ya salió de todo mal y que a ese lugar oscuro, no podrá regresar.
- ¡Gracias! - grita la princesa liberada. Aún el viento la acaricia dejándola dormir sobre los brazos de la montaña...
- Prometo no dejar que te caigas - la brisa intensa le responde a la dulce doncella.
Todo se volvía claro y nítido, tan nítido como el pasto rosando su espalda... Cierra los ojos y en silencio pide a Dios que no la deje, que ya no quiere estar sola.
- ¿Por qué llorás ahora, princesa? - el viento asustado le pregunta.
- Porque ya no tengo miedo, porque puedo respirar...
Abre los ojos por última vez, suelta el aire, sonríe y vuelve a cerrarlos.
El viento aún sigue acariciando su pelo, mientras ella duerme con Dios que no la ha dejado caer.
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