miércoles, 30 de diciembre de 2020

D-escribiéndote.

     El silencio haciendo notar a la ausencia, marcando la oscuridad de lo que llamé hogar como si nunca hubiera existido luz, me obliga hoy a escribir distintos puntos:

La ausencia y la nula posibilidad de olvidar su voz por las mañanas llamando a mi puerta, traspasando, con su ternura, mi frazada y acariciando todo alrededor con la mirada dulce y pícara llena de amor. 

El ruido de la respiración detrás de la columna que dividía la cocina del comedor, que hacía que nos calmemos todos cuando llegábamos a casa, porque estaba ahí para abrazarnos y enredarnos en sus fieles brazos. 

El olor de una rica cena que tardaba en estar lista pero que valía la pena cada minuto de cocción si la veías sonreír cuando esperaba veredictos como en un programa de cocina, cuando nos veía comer. 

El cajón de los secretos bien guardados sabiamente, y que sin lugar a dudas, jamás saldrían de ahí. 

La caricia contorneando cejas y narices frías para curar gripes fastidiosas, fiebre, otitis eternas o insomnios de ansiedad. 

La palabra justa, sin rodeos, sin excusas, sin mentiras y con amor del bueno, de ese que no espera nada a cambio.

El hueco de sus mejillas marcando diferencia con cualquier otra sonrisa o gesto de otras personas, sobresaliendo entre la multitud ordinaria. 

Las extrovertidas escenas de bailes sin ensayos, en el poco espacio que quedaba desde la mesada hasta la mesa, sólo para hacernos reír y tapar tristezas.

El cansancio nocturno después de un día largo, cansador y pesado, pero siempre teniendo tiempo para nosotros, para acompañarnos, hablarnos o escucharnos, pero siempre trasnochando hasta altas horas de la madrugada.

La vida en una montaña rusa sin seguridad, al borde de caer constantemente y al mismo tiempo, sonsteniendonos para que nadie se lastime. 

Enseñar desde la experiencia y nunca nada sin fundamento. 

Justificar las respuestas y si no había respuestas, buscarlas juntas para ver como llegar a ellas. 

Dar la mano a toda persona que necesitaba de algún consejo o alguna cachetada de realidad, para abrir los ojos y amarse más. 

El incomparable deseo de bienestar de los suyos, posponiendo siempre su propio bienestar.

El olor más delicioso proveniente de su piel que alcanzaba a olerse a leguas y que cuando estaba cerquita se volvía más intenso y necesario. 

El ruido más gracioso de la risa más contagiosa que alguna vez podré escuchar. 

La mirada más intensa y transparente para decir una verdad dolorosa, una anecdota divertida o un reto significativo. 

Lágrimas compartidas de emoción y tristeza, todas reunidas sobre la misma mesa en la que hoy me siento a pensarte. 

Te llamo de a ratos como si puedas venir a compartirme alguno de tus atributos, pero por ahora, me quedo con esta sensación de describirte, cerrar los ojos y verte llegar bajo la luz que nace en tus ojos y termina en mi nariz. D-escribiéndote, te traigo un poco más a mí.

Mi Gaby, ojalá me puedas leer así llego yo un poco hasta allá.

lunes, 12 de octubre de 2020

Hasta pronto.

 Vuelvo a escribir, parece, sin razón aparente. Octubre es un mes lleno de recuerdos, tristezas, nostalgia. Es ese mes en donde no se puede evitar caer en el llanto de madrugada con un pucho de por medio.
No importa cuánto tiempo haya pasado, de repente caes que cada día es un día más que hace que no la veo, que no la abrazo, que no hablamos, que no me acaricia, que no me sonríe o que no me río de algunos de sus chistes. Y cuando caes en ese mambo de estar más triste, preferí alejarme del celular y tomármelo para mí. Pero mírame… tres de la mañana y yo sentada en el comedor a oscuras escribiendo, porque llorar ya no basta y necesito canalizar por otro lado.
Te extraño, sí… es obvio decirlo a esta altura, pero me doy cuenta que ahora te voy a extrañar menos que en diferentes situaciones que se me vienen a futuro y cómo hago para no hacerlo o hacerlo sin tanto dolor. De pronto, recuerdo alguna que otra frase que me tiraste para no entrar en pánico cuando no estuvieras y me agarro fuerte de eso como si siguieras repitiéndolo. “Poné mi canción y voy a estar ahí” y acá estoy, me siento más sola que antes porque no estás para cantarla bajito, sonriendo y moviendo la cabeza. No estás para contarme la historia de cuando hiciste un trabajo práctico con auriculares escuchando una y otra vez tu canción y en vez de escribir lo que debías, escribiste la letra entera y se lo entregaste a tu profesora que, sin muchas ganas, te terminó dando la oportunidad de que lo rehagas.
No estás. Simplemente no estás y sé que van a venir con la frase armada de que sí lo está, cuidándome y guiándome y les juro, no tengo dudas de eso. Pero no está, no ahí, al alcance de mi mano. Ni siquiera en mis sueños entrecortados donde la espero siempre para recibir un abrazo.
No tengo un buen día, qué digo día, no tengo un buen mes. Y en estas circunstancias, me tomo la libertad de sentirme como puedo, si tengo que estar triste, lo estaré y si me enojo, también será válido.
Siento, en cierto punto, que esto es más una cuestión de atajarme ante cualquier situación en donde no reaccione como le otre espera y justificar mi humor atemorizante, pero sí. Me daré ese lujo de “duelo; mes de mierda” y no pretendo herir a nadie. Por el contrario, que no me rompan las pelotas y que me den tanto amor que traspase pandemias y pantallas.
Ahora sí, me retiro y hasta pronto.

martes, 9 de junio de 2020

Dulce G

Traspasar la línea temporal que nos separa para volver a encontrarte entre una multitud de gente común, sobresaliendo siempre como el ser más luminoso que pisó este suelo donde me encuentro parada. Resulta que sin tu peso en él, me desnivelé cayendo una y otra vez sin equilibrio... sin nadie que me sostenga. 
Y cuando todo parece un sin fín de oportunidades desaprovechadas, me olvido que no estás y te hablo como si estuvieras al lado mío y hasta sonrío porque imagino tus respuestas ante tantas cuestiones sin resolver. Es como si tuviera la habilidad de poder responder por vos y qué desilución darme cuenta que en realidad no sé que me dirías, porque esto no lo viví nunca. 
Extraño llamarte por tu rol y que te voltees a verme siempre con una sonrisa aunque la vida te lastimaba a diario. Solamente te pienso pero intento no hacerlo en voz alta, porque te das cuenta que el tiempo borra el sentido hermoso de una palabra que para todos es común y corriente y, para mí, terminó siendo un puñal en el pecho que agranda la herida cada vez que sale. 
Es tan fácil traerte a mí y tan difícil desprenderme de la idea de que sólo se da con la imaginación. 
Escucho tu canción favorita y te recuerdo diciéndome: "CADA VEZ QUE LA PONGAS, VOY A ESTAR AHÍ" y te busco en cada rinconcito de la casa esperando ver una señal o que me vengas a buscar en mis sueños como sólo una vez lo hiciste. 
No quiero volver a gritar que te necesito y que quiero un abrazo más que vivir, pero a veces me gana el egoísmo y la tristeza... y sí, te necesito aunque lo esconda. 
Si estás por ahí, si todavía me seguís viendo todo lo que hago y lo que dejo de hacer, si todavía queres seguir resolviendo mis problemas, acercate... ya no quiero que me resuelvas nada, simplemente que apagues un poquito este dolor. 



domingo, 17 de mayo de 2020

Plena y tonta


Un cuerpo que parece no pertenecerme,
una lágrima detrás de una sonrisa,
una caricia ocultando el puñal,
una marea sin brisa.

Siempre escondida de todos
Siempre odiándome frente al mundo
Buscando la verdad en otros ojos
Encontrándola en los tuyos.

Por fin, entera y rota
Me siento plena y tonta
por no haber sido más audaz
de no abrir los ojos un tiempo atrás. 

En una escala de valores
mi locura y tu amor
un poco menos tu atributo
un poco más, lo tengo yo. 

Tan distintos,tan iguales
tan nacidos para amar
resulta ser indispensable
la razón de quedarme acá.

BC

martes, 12 de mayo de 2020

Te veo


Te veo venir a despertarme a la mañana, con olor a capuccino calentito y bien azucarado.

 Te veo en mi plato de sopa de cabellos de ángel con mucho queso que me preparé hoy.

Te veo en el reflejo de mi espejo cuando me río de un chiste malo y se me achinan los ojos igual a vos.

Te veo en las plantas de cualquiera, y en el amor por la jardinería de los demás, ese que nunca pudiste convencerme de que me guste como a vos.

 Te veo en el cielo, cuando tomo sol y te traigo conmigo a escuchar música.

Te veo en la vereda con un mate y una anécdota.

 Te veo en las películas de terror más malas y te veo en las dramáticas con una caja de pañuelos al lado, dispuesta para llorar.

Te veo en el invierno frío y húmedo de la ciudad, en una estufa prendida hirviendo y con las manos escondidas en el pulóver.

Te veo en mis manos, tan iguales a las tuyas llena de tus anillos que aún conservo.

Te veo en una playa mirando distante el agua a la que tanto miedo le tenías.

Te veo llegar del trabajo, dejando a tu paso el olor de tu perfume como si recién te lo acabaras de poner.

Te veo en un cigarrillo en la soledad de la madrugada.

Te veo en las series que te terminaste en un día.

Te veo en tu amor por las cosas simples.

Te veo en las manualidades que hacías por placer, en tus bolsos hechos con trapos de rejilla, las macetas decoradas y en el suvenir por mi recibimiento que jamás pude entregarle a nadie.

Te veo en San Blas, caminando de la mano conmigo esas cuadras tan largas que caminabas dos veces para irme a buscar al colegio.

Te veo ayudándome con tareas que te costaban tanto entender, pero lo intentabas para resolverlo juntas e irnos a dormir una siesta.

Te veo en las tardes pintándote las uñas.

Te veo en la ropa hippie, esa que te vestía de domingo a domingo que te quedaba como a nadie en el mundo.

Te veo en una canción de amor de Luis Miguel y una canción de paz de Kameleba.

Te veo encerrada en el lavadero, escuchando música y lavando ropa cantando como si estuvieras sola.

Te veo en los consejos que nadie más me va a dar.

Te veo en los abrazos antes de irme a dormir.

Te veo cuando me acurruco en el sillón y me quedo dormida.

Te veo en cada espacio que ocupamos.

Te veo en el silencio de la noche y el ruido del día.

Te veo en los sueños que me regalas de vez en cuando.

Te veo en esta foto y me traslado con vos. Ahí, cerquita siempre, con el calor de tus besos ruidosos. Con un abrazo cálido de mamá se van los problemas. Tu voz en mi memoria como la más dulce melodía. Tu risa… tu hermosa risa cuando llegaba a casa porque ya todo estaba bien, porque estaba sana y salva en tus brazos. 
Te veo siempre conmigo...por suerte.

jueves, 7 de mayo de 2020

Para el futuro

Me imagino a mí cuando tenga hij@s, cuando tengan la edad suficiente para preguntarme por su abuela y me dio miedo no saber cómo resumir quién era ella e intentar transmitirles un amor que no van a poder sentir porque no la conocieron. 
Me pregunto qué les diría para enternecerl@s y que al menos sientan algo de afecto. También me pregunto si me enojaría porque no la pueden querer ¿Me enojaría? ¿Me haría mal que no puedan llegar a amarla ni un cuarto de lo que yo la amo? 
Por otro lado, siento que voy a pasar mi vida entera hablándoles de ella para traerla siempre al presente como si, en algún punto, estuviera ahí. Conociéndola, sabría que tendría el amor más puro y sincero y vendría a visitarme más seguido. 
Abro mi corazón para contar algo que pasó antes de que supiéramos que estaba enferma. Ella me pedía ser abuela todos los días, como si supiera que le quedaba poco. Me repetía constantemente: "¿Y si me muero y no conozco a mis nietos?" Y yo la puteaba, minimizando su miedo. "Mamá, no te vas a morir hasta los 80 años y creeme que para esa edad vas a tener aunque sea uno mío. Dejate de hinchar las pelotas". Al tiempo, todo se rompió y el tema salió otra vez. 
Me puse a llorar como loca, sentí una culpa en el pecho imposible de transmitirles. Le pedí perdón y le prometí que sus nietos la iban a amar tanto como yo. 
De pronto, pasaron casi dos años y me viene esta incertidumbre de ser capaz de transmitir algo tan gigante y maravilloso como mi vieja ¿Cómo hacer que alguien que no tuvo la posibilidad y la suerte de compartir un minuto con ella, la quiera? 
Estando enferma, me dijo algo y lo llevo conmigo para siempre. Algo que me hizo llorar tanto que ahora que lo recuerdo, me hace lagrimear como en ese momento y que resume, en una simple frase, todo lo que ella significó. Eso que, posiblemente, haría que cualquier persona que no la conoció, la quiera un poco aunque sea, porque demuestra lo sensible, lo madura, lo maravilloso, lo simple, lo concreto y lo dulce que ella era.
Me dijo: "No te preocupes por lo de los nietos. A este mundo vine para ser tu mamá... la mamá de Jonás y Betsabé y creo que lo hice bien ¿No?".
Eso era. Eso es. Todo amor en una frase. Y sí, es lo mejor que hiciste. Te lo contesté en ese momento y lo vuelvo a hacer ahora y cada día.  
De pronto me doy cuenta que todo esto que escribo es para el futuro. Para que en vez de contar... lo lean y lo entiendan. Pasar este amor interminable de generación en generación. Que quede congelado para siempre en el tiempo, escrito por mí y para todos. Que quede intacto y eternamente como mi mamá en este plano, en mi vida y en mi alma.

No encajo acá

La vida no resulta como esperaba. Uno tiene la ilusión de que las cosas van a salir como te las imaginaste de chica... esas ideas que te hicieron creer que eran posibles de "vidas perfectas y geniales". 
Una familia gigante, llena de amor para darte y la eternidad de personas que querés. 
Qué distinta es la realidad, qué distinta la tristeza cuando la sentís realmente y ya no la imaginás como algo lejano, porque está ahí... destrozando cada parte de vos para recordarte que la vida no es como la idealizaste. 
Uno puede decidir acciones/ situaciones cotidianas como qué comer o en qué gastar lo poco que ganás, pero la vida no. Esa no la decidis vos.
"Esto es lo que hay, es lo que tenés. Vivilo como puedas, transitalo como te salga y no te olvides de quererte, porque si no te querés, no podes querer a nadie", me dicen. ¿Vos qué  sabes de amor propio, si nunca te miraste en un espejo y te acariciaste? 
Y paso a paso, tiempo al tiempo y todo calma. Y resulta que yo todavía no encajo en esto y no se si quiero hacerlo. ¿A dónde quiero encajar? La pieza del rompecabeza se perdió hace tiempo y ya no salgo a buscarla, porque resulta que te acostumbras a vivir sin ella. Si el mundo te pide mil piezas, yo prefiero novecientas noventa y nueve. 
Empiezo a creer que me gusta estar rota porque te descubrís por completa, se te sale la careta llena de prejuicios y te empezas a querer, pero de verdad. Te miras al espejo y te acariciás porque te hace bien y te abrazás a vos mismo. Ya no te gusta que te den consejos que nadie aplica, empezas a entender que vos sos la única persona capaz de hacerte entrar en razón. 
Hacés lo que queres con tu dolor y lo vivenciás sin esperar que el resto te diga que está bien.
Posiblemente te vuelvas a caer y te levantes más fuerte que antes o por ahí no, por ahí no te levantas más y también está bien... La presión de sonreír es sólo para los demás, la sonrisa está dentro y esa es la única que vale la pena. 
Resulta que ya no es necesario encajar en un mundo lleno de imágenes de vidas perfectas que nadie chequea, resulta que la vida es menos satisfactoria y más dolorosa, resulta que vivir es bancarla, cerrar los ojos y seguir, resulta que no encajo acá y está bien... y estoy mal.