Cuando quiero poner mi mente en blanco para ya no pensar en nada... venis vos, a llenarme el vacío con la dulzura que te caracteriza desde aquel 3 de julio, donde me besaste por primera vez.
Me remonto a ese día y me río... como si el tiempo no hubiera pasado, me da piel de gallina. Vos y yo ahí, desconocidos pero como si te conociera de toda la vida.
El miedo que me congela y me hace evitar tu mirada, las risas mezcladas con impaciencia y nervios... por no saber qué va a pasar de ahí en adelante. Porque el destino es incierto, porque aunque me encante tu forma de ser y tu ternura, todavía no se que decir para no espantarte.
Hoy... después de medio año, miro todo con admiración. Vos, tan libre, dejaste que el amor te llegue; me abriste la puerta, me dejaste entrar por más difícil que fuera.
Me enseñas a diario que dejarse amar es más complicado que amarte (ya que amarte me libera, me resucita, me hace feliz). Y a pesar de no ser la única mujer del mundo a la que te vas a cruzar, quiero enseñarte y demostrarte que ésto va más allá de cualquier cosa.
Porque antes de conocerte tenía objetivos abstractos, sin un sentido claro, pero ahora estas en cada uno de ellos.
Sos mi principio y mi final, me completas, me enorgullecen tus logros, me entristecen tus fracasos, me llenas el alma cuando apareces... me haces feliz cada instante.
Y aunque todo parezca un puñado de palabras, no voy a dejar de decirte lo que siento. Porque así decidimos ser hace 6 meses y porque así quiero quedarme.
Tenemos toda la vida para compartirla y nunca estuve tan segura de algo como lo estoy ahora. Gracias por la lealtad, por seguir, por bancar.
Doy la vida por esto que nos pasa. Esto estaba escrito.
Amarte es mi presente y mi futuro, mi orgullo y mi felicidad.
Para siempre