Esa música plantea una sensación casi de felicidad. No tiene ningún significado, más que una melodía de unas cuantas notas y una letra sin sentido que la acompaña. Corazones torpes habitan una misma sala con el deseo de enamorarse una y otra vez de miradas desconocidas, llevando a una persona al punto más alto de sentir calor, de tener su cabeza caliente buscando deshacerse de esa cruel pero increíble excitación que provoca una y mil veces la inconfundible sed de compañía.
Embriagarse de sonrisas, miradas, tacto, sentir como se eriza tu piel cada vez que habla en tu oído deseando que ese momento se trasladara a algo más íntimo, algo entre ella y vos.
Es ahí cuando por fin tienen el momento para disfrutar, pieles se juntan, la luna alumbra con apenas un rayo aquella habitación donde dos cuerpos pretenden formar uno, el silencio es inundado de respiraciones que van y vienen, las sombras toman vida, las sensaciones no acaban, no quieren separarse, quisieran estar ahí eternamente, ella dormida sobre su pecho, él observándola abrazándola al punto de dejarla completamente inmóvil, besándola con una dulzura casi sin movimiento alguno...
...cosas como estas, conforman al comienzo del amor o así lo sueña ella mientras acaricia su espalda al salir el sol.