Nunca somos lo suficientemente felices. No pedimos felicidad, sino conformidad; a veces confundimos estos dos conceptos. Miedo a perdernos de nuestras pérdidas, miedo a que no esté más aquella sociedad en la que habitamos, miedo al fracaso, miedo al estancamiento, miedo a la mentira... en fin, miedo a la infelicidad.
Pasar toda una vida con miedo, quizá ya no sea una forma de vivir, sino una forma de subsistir (que no es lo mismo). Vivir es elegir lo que a uno más le gusta sin necesidad de dar explicaciones y de fingir. Vivir es comprender que todo aquello que hagamos, esté bien o mal, siempre esté bien para nosotros. Vivir es compartir con una sociedad tus pensamientos, sin sentirte rechazado. Vivir es entender que no todo es ganar, sino también perder y que de los fracasos, uno aprende más aún. Vivir es autovalorar cada detalle que hagamos, es amarnos como somos y aceptarnos. Vivir es mucho más que años despierto, es soñar constantemente, es olvidar que se sufre para ver cuánto bien hay en los rincones de nuestras almas; es callar cuando sólo queremos gritar; es saber respetar y confiar; vivir es saber que no sólo hay caídas, sino levantamientos eternos.
Este es mi concepto de vida...