La necesidad de ese abrazo, de ese mimo, de ese aliento, de esa palabra, de esas manos secándote las lágrimas, de ese deseo de que el tiempo pare, de ese bienestar inconfundible que te produce el estar acompañado, es lo que hoy me inunda.
Sólo son necesidades; nunca ganás tu espacio en el mundo, en tu entorno, en tu rutina, en aquel lugar oscuro lleno de soberbia y egoísmo.
¿A qué le podés llamar soledad? ¿A eso que sentís vacío en tu alma? ¿A no ver a nadie? ¿A que no te tengan en cuenta? ¿A pasar desapercibida? ¿A que no preocupe tu ausencia ni tu presencia? ¿A qué? Cada pregunta constituye el sentido de la soledad... Cada concepto y sentimiento te lleva a ella, obligándote a reprimir tus sueños y llenándote de depresión en tu alma.
¿Cómo podés sobrellevar una situación tan fría, tan dolorosa, tan vacía como la misma soledad? No se sabe cómo, pero siempre se sigue...