El inicio de algo, aterra mis sentidos. Me aterra tu transparencia, tu locura pura y exclusivamente tuya, tu sonrisa encantadora, tu voz perfecta, tus manos tibias, tu olor embriagador, tu alma llena de seguridad y estilo, tu sinceridad absoluta.
Vos, tan imperfectamente perfecto, me haces contar los segundos a nuestro próximo encuentro. Todo es tanto, tanto es poco. ¿Y yo? Vacía, intensamente bruta, perdí la noción de querer, de volver a contar con alguien.
Y ahí estás... sumergido en mi vientre, contándome tu día, alterándote como siempre. Y yo ya no puedo desprenderme de este sueño. No quiero estar lejos. Quiero quedarme acá, congelar el tiempo y abrazarte.
Y aunque todo me aterre y dude de los relojes, comprendo que estás acá: simple, pensando qué decir para hacerme reír. "Juvenales", brillantes, radiantes, perplejos de tanto cariño.
Despacio, sin más que decir, te transformas en mi esperanza, en mi continuidad, en mi futuro, en mi tiempo ganado. Porque todo lo malo te trae algo bueno y decido que vos seas la parte buena de esta historia.
Así, con vos ¿Qué importa alrededor?
Perdida me encontraste y cayéndome me atajaste. No quiero otros brazos en donde quedarme...